Manuscrito

Rumiando la pereza de ser mi mujer
me cocinás unos fideos a las tres de la tarde
y cada noche jugás conmigo a ser quienes no somos.

Cuando el tiempo te apriete la panza
o el amor te grite al oído
¿qué harás que no sea dejarme
en herencia tus zapatos?

There are no comments on this post

Leave a Reply