Carta

Me doy cuenta de que algo me falta, porque siento la necesidad de escribirte.

Habrás visto que el tiempo hace rato que no pasa, y este papel tendrá sobre sí la diferencia entre esta tarde y la de ayer. Sabrás que estas palabras no adornan pensamientos, sólo dicen de mí lo que me ahoga y me cansa, aquello que no era mío hasta que vos te fuiste.

Hoy las cosas han cambiado, estarás ahí, pero distinta. Tu vocación será la misma pero no tus ojos.

¿Y cómo saber de tu cabello desde aquí? Aquí, donde ni siquiera lloran las paredes sin que se las pinte de nuevo, aquí donde mis brazos me sirven para nada, para esto, que es mi sangre dispersa sobre un blanco de papel.

También vos, acaso, en las noches te disfrazás de sueño para volar a mi lado. Pero no, no sos vos la que me llama ni tu alma la que me espera; no sos vos, no. Ni siquiera en sueños.

Ojalá este papel descanse sobre tu pecho una vez inservible, y mis ojos con él se cierren sobre tu boca, que no ruede entre tus pies como este llanto que me brota, sin saber desde dónde ni hasta cuándo.

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