A la orilla

Después de un largo día de trabajo,
cuando el chofer me llevaba a casa,
se acerca una camioneta y un señor nos dice:
“A la orilla” mostrándonos su placa.

Nos hacen bajar, nos piden documentos
nos indagan, el chofer rebosa de explicaciones
se escuda en mi cargo estatal,
y yo calladito, observando, sacando fotos mentales.

Hasta que hablo, digo qué hago, de dónde vengo
adónde voy, porqué, cómo, cuándo.
Menciono con claridad “Trabajo”, “Universidad”,
“Instituto”, “Ingeniero”, “Inspector”.

Hablo pausadamente, tranquilamente,
adivinando sus próximos movimientos,
me imagino las manos contra el auto
pero no, sólo revisan mis bolsillos.

Son cuatro, de civil, la mujer es inaceptable
el menor le dice al superior, que nunca dijo nada:
“¿qué hacemos?”, dudando, -“Vamos”, le contesta
y yo comprendo al fin en dónde me estoy metiendo…

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3 comentarios

  1. Parece el mal sueño de otra época…

  2. si, coincido con emiluz… suena a aquellos años negros…

    eso si, “universidad” es una palabra que no habrìa dicho en esos años… (instinto de supervivencia?)

    saludos,

    Charls.

  3. Mmm… claro.

    Entiendo lo que están imaginando, lo que pasa es que no les conté con quién nos confundieron.

    Nunca temí con los policías.

    Ya les voy a contar bien…

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