Siesta

Del hecho de cortar una rama viene a mí el recuerdo de una tarde morada, en que vimos por primera vez correr la vida.
A escondidas entre los árboles deshojábamos tréboles, creyendo en la luz del sol dormida sobre tus palmas.

He encontrado en esta imagen la ternura de tu piel en que me abrigo cada tarde del viento y de la muchedumbre, de aquel viejo animal que soy dentro mío.

Silencio fabrican las máquinas, ruidosas, a un lado y a otro de la ruta, creciste sin presentirlo, sin admitirlo, sin falta. Y es así que te creo mía aún desde tu niñez, porque tus ojos pastaron en la sombra de unos árboles que nunca podré ver.

Sos esa nostalgia mía.

Me mirás callada, no sabés lo que seré en unos años, no te preocupa.
Y sin intuir que soy ya futuro miramos felices el cuenco de tus manos, donde siestan verdes pétalos, el sueño de tu sol.

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