Archive for the ‘Relatos’ Category

Gitana
febrero 23, 2008

“Oye, lindo, ven que te voy a leer la mano” -dijo, y me regaló su acento distinto, agridulce, la mujer con los ojos más brillantes que vi en mi vida.

Separé las monedas que tenía, sabiendo que dejar reposar mi mano en las suyas tenía que tener un precio que seguro no podría pagar.

Lo que no sabía es que el camino no tendría regreso, que entonces esa mano llamaría a la otra en su deseo de trepar esa cintura, esos pechos perfectos, esa piel bronceada.

Repetía su discurso sin mirarme, mientras yo imaginaba los atributos que le serían apetecibles. Me imaginaba más alto, más ancho, con un rosario de anillos en cada mano.

Tristemente confirmé su inmunidad a mi presencia. Y entonces quise la magia. Quise el puñal de sus ojos verdes en mí. Ansié la leyenda, el peligro. Quise la fuga y el amor prohibido, una legión de gitanos detrás nuestro. El trágico final. Hundirme en su vientre bajo antorchas y gritos lejanos.

Se fue.

Nunca supo que me llevaría consigo como uno de sus pendientes, como un brillo en su cabello, para siempre prendido en su escote.

Nunca supo. Y no le importa.

Un niño hecho de barro
enero 17, 2008

La mujer construye en su mente una pequeña figura. El hombre la descubre y la rompe.

Estaba hecha de barro y era un niño que la mujer creó de la nada. Pequeño ser sin rostro y sin apellido, hijo de una madrepadre que no necesita más que de sí.

La mujer lava el barro de sus manos con lágrimas amargas. Era suyo y hoy no es nada.

Un día el hombre caminará lento y dirá: estoy viejo, quiero un pedazo de mí que ande cuando yo muera, para no morir nunca, nunca ser polvo bajo los pies de otro. Y buscará a la mujer y le dirá de esta manera:

-¡Eh, mujer! hagamos un hombre pequeño que me dé la vida.

La mujer sin levantar la cabeza ni despegar las manos de la tierra cantará, ya sin parar:

Niño mío, has crecido
en el vientre de la tierra
fuiste mío y mi vestido
tus cenizas guarda frescas.

La mano del hombre se abrirá entonces, y reventará en la cara de la mujer. Hombre en el suelo, roto por su propio golpe, hombre viejo de barro, roto como su niño.

-¡Mi niño!- ha de decir la mujer, y besará la tierra.

Siesta
enero 15, 2008

Del hecho de cortar una rama viene a mí el recuerdo de una tarde morada, en que vimos por primera vez correr la vida.
A escondidas entre los árboles deshojábamos tréboles, creyendo en la luz del sol dormida sobre tus palmas.

He encontrado en esta imagen la ternura de tu piel en que me abrigo cada tarde del viento y de la muchedumbre, de aquel viejo animal que soy dentro mío.

Silencio fabrican las máquinas, ruidosas, a un lado y a otro de la ruta, creciste sin presentirlo, sin admitirlo, sin falta. Y es así que te creo mía aún desde tu niñez, porque tus ojos pastaron en la sombra de unos árboles que nunca podré ver.

Sos esa nostalgia mía.

Me mirás callada, no sabés lo que seré en unos años, no te preocupa.
Y sin intuir que soy ya futuro miramos felices el cuenco de tus manos, donde siestan verdes pétalos, el sueño de tu sol.

Primera cita
diciembre 6, 2007

– ¿Esta es una cita?- me preguntaste.

Detrás de ese flequillo y ese tapado de mil generaciones estabas vos. Tan pequeña que pensé que si el viento no te llevaba era por el peso de los años de tu ropa.

Sí. Fue una cita. Una coincidencia de voluntades. ¿Una busca?

Toqué tus manos y era verdad que estaban frías. Esos dedos finitos con los que digitás la vida de cierta gente. Vos no lo sabías, pero ese dedo te ancla. Y si te quemaste el dedo fue de puro gusto, como tirarse de una ventana, con la ventaja de que es mucho menos riesgoso.

No nos besamos, y cuando empezaste a hablar de tu ex, fue definitiva nuestra amistad. El sol te mostraba distinta, lejana, ya fuera de mi alcance. Quise irme. Vos también.

Así terminan ciertos encuentros. Así vamos construyendo falsas amistades.

Detrás de la puerta
noviembre 17, 2007

El que abre la puerta sabe que me va a encontrar. O no lo sabe, pero lo espera; y no espera de mí lo esperable, espera lo inesperado, lo sorpresivo. Espera mi sorpresa que será también la suya, pero sorpresa previsible, planeada, maliciosa por lo tanto.

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Cómo hacer espuma carbonizada
octubre 6, 2007

Receta nueva.

– Elija la pava o el recipiente que quiera inutilizar, si es de un compañero de departamento y no suya, mejor.

– Llénela con un poco de agua natural y el resto del agua que quedó en el termo (agua a la que previamente le agregó la suficiente cantidad de azúcar para no tener que ponerle a cada mate).

– Caliente la preparación a fuego fuerte.

– Dedíquese a leer los blogs de su preferencia (recomendados para este tipo de preparación: el blogudo, gen71, estatua de sal), en su defecto puede dedicar este tiempo a leer el diario, ver la tele o contar cabritos, pero el resultado no estará garantizado.

– Cuando empiece a sentir un aroma como a caramelo quemado, levántese y vuelva a la cocina, retire el recipiente del fuego y contemple la negra bola de espuma de azúcar quemado, que no servirá para gran cosa, mucho menos como alimento, pero servirá de excusa perfecta para no haber hecho su trabajo, o para aplazar la finalización de ese trabajo práctico para el lunes.

Entre caníbales
octubre 4, 2007

Lorena nación de un repollo. Sus padres la vieron chiquita, rosada y débil, la levantaron, levantaron el inmenso repollo, guardaron el repollo en la alacena y a su primer hija en una cuna.
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A las pocas semanas*, fueron a verla en la cunita, había crecido bastante y como se movía mucho, pudieron ver el enorme pan que tenía bajo el brazo. Levantaron el pan (que estaba bastante duro) y lo guardaron en la alacena.
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Pasaron los meses** y los padres vinieron a ver qué podían sacar de su hija y no encontraron nada. Se fueron bastante desilucionados.
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Y así un par de veces más, hasta que su hija no cupo más en su cuna.
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Como la alacena quedó vacía, Lorena se pudo mudar.
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* se había acabado la sopa de repollo.
** se acabó el pan tostado.

Oscuro
septiembre 19, 2007

Soy un hombre oscuro, y de la verdad de esta afirmación sólo dudan los que de mi alma no ven más allá.

Hoy los espejos me ríen la cara pero son nada más que una imagen muerta sobre la pared deshecha.

¿Y quién podrá repetirme los puntos que me han de llevar a la muerte?

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Ella y yo
septiembre 19, 2007

Nunca supe si ella fue real. Tal vez en la prisa de la huida quise creerla otra. Atrás quedaban mi casa y mi cosas. No me importaba. Sólo podía correr. Cuántas veces habré escuchado su nombre salir de mi boca sin saber que llegaría ese día en que me abrazaría con la tijera de sus piernas, que su boca se estrellaría contra la mía en un remolino de babas y de fuego.

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Carta
septiembre 19, 2007

Me doy cuenta de que algo me falta, porque siento la necesidad de escribirte.

Habrás visto que el tiempo hace rato que no pasa, y este papel tendrá sobre sí la diferencia entre esta tarde y la de ayer. Sabrás que estas palabras no adornan pensamientos, sólo dicen de mí lo que me ahoga y me cansa, aquello que no era mío hasta que vos te fuiste. (más…)